El humor como arma
- Belén Caccia
- 8 dic 2021
- 4 min de lectura
El humor como arma - Tú puedes utilizarlo.
Por Belén Caccia
Hay pocos temas que la comedia no se atreva a tocar, pero siempre, de alguna manera la comedia toca de cerca. A quienes la hacen y a quienes la espectan.
Podemos pensar que es un hecho contradictorio que algo que produce placer (y la risa está en el Top 3 de las cosas que producen más placer) sirva como arma… pero sí que sirve: es un arma contra el dolor, el mal estar, la tristeza, las frustraciones, la violencia, la censura, el odio, la falta de auto estima, la timidez, la discriminación, el aburrimiento, y tantas otras cosas más.
Freud en “El chiste y su relación con el inconsciente” decía que “el humor es la manifestación más elevada de los mecanismos de adaptación del individuo”. Y es por esto que recurrimos a él ante los eventos más trágicos, casi buscando la supervivencia. No debería extrañarte entonces que, ante la actual crisis que está viviendo la humanidad, te den ganas de probar este mundo de la comedia, sea para hacerlo profesionalmente o como método catártico o de diversión. Incluso incorporar o sumar humor en su vida cotidiana, discursos políticos, disertaciones, reuniones y comunicaciones empresariales, etc. Reír ante lo que más miedo nos da es eficaz. Tener problemas o una vida complicada, no debería ser motivo para perder el sentido del humor, sino todo lo contrario.
Cuando sabes utilizar tu humor, puedes encontrar el éxito en el fracaso y eso es un paso hacia el éxito (con lo relativas y subjetivas que resultan ambas cosas)
El humor como arma a lo largo de la historia
Cuando hablamos del humor como arma, no estamos utilizando una metáfora bonita.
Históricamente, el humor ha sido un arma real.
Una de las pocas armas que pueden utilizarse sin violencia.
Una de las pocas capaces de atravesar censuras, fronteras, ideologías y clases sociales.
Porque hay algo que los tiranos, los fanáticos y los abusadores temen profundamente: el ridículo.
El miedo genera obediencia. La admiración genera seguidores. Pero la risa destruye ambas cosas.
Resulta difícil temer a aquello de lo que nos estamos riendo.
Por eso tantos sistemas autoritarios han intentado controlar a humoristas, bufones, dramaturgos, caricaturistas y cómicos.
Durante siglos, los bufones de las cortes europeas fueron prácticamente las únicas personas autorizadas a decirle ciertas verdades al rey. Mientras los nobles medían cuidadosamente sus palabras, el bufón podía señalar errores, abusos y contradicciones ocultándolos detrás de una broma. El humor funcionaba como una especie de diplomacia emocional. El mensaje llegaba donde una acusación directa habría terminado en castigo.
El teatro también utilizó esta estrategia.
Las farsas medievales y posteriormente la Commedia dell'Arte italiana ridiculizaron constantemente a poderosos, jueces, comerciantes, militares y representantes religiosos. El público reía, pero también reflexionaba.
Molière llevó esta tradición a uno de sus puntos más altos. En obras como Tartufo, utilizó la comedia para denunciar la hipocresía religiosa. La obra fue tan incómoda para ciertos sectores de poder que llegó a ser prohibida durante años.
El humor había conseguido algo extraordinario: cuestionar una estructura de autoridad sin necesidad de un discurso político explícito.
Siglos después, el cine haría algo parecido.
En 1940, cuando gran parte del mundo todavía veía a Hitler como una amenaza prácticamente invencible, Charlie Chaplin estrenó El gran dictador. Mientras millones de personas sentían miedo, Chaplin decidió hacer algo radical: convertir al dictador en objeto de burla.
No intentó vencerlo con armas.
Intentó reducirlo con risas.
El propio Chaplin entendía el valor simbólico de aquella decisión. Ridiculizar al tirano era una forma de arrebatarle parte de su poder.
Años más tarde, Mel Brooks continuaría ese camino con películas como Los productores, donde el nazismo aparece convertido en una parodia grotesca. Brooks, cuya familia había sufrido las consecuencias del antisemitismo europeo, entendía perfectamente que el humor no borraba el horror, pero sí podía impedir que el horror monopolizara el relato.
Y es que el humor hace algo fascinante.
Cuando una idea peligrosa se presenta como invencible, la risa puede reducirla a escala humana.
La vuelve discutible.
Cuestionable.
Imperfecta.
Y eso es profundamente poderoso.
A veces el humor también ha servido como mensajero de paz.
Muchas críticas sociales que habrían sido rechazadas de forma frontal lograron abrir conversaciones precisamente porque llegaron envueltas en una broma.
Las personas bajan sus defensas cuando ríen.
Por eso un buen chiste puede llegar más lejos que un sermón.
Por eso una comedia puede hacer reflexionar más que una conferencia.
Y por eso el humor sigue siendo una de las herramientas más inteligentes que tenemos para sobrevivir, cuestionar, resistir y construir puentes con los demás.
No es casualidad que los pueblos hayan contado chistes incluso durante guerras, crisis económicas, dictaduras y persecuciones.
La risa no elimina los problemas. Pero nos recuerda que todavía somos más grandes que ellos.
Gente interesante:
Amplío un poco lo de Mel Brooks, porque lo amo mucho.
Este señor se ha criado en una familia de polaco-alemanes y ucranianos, salvada milagrosamente de las matanzas indiscriminadas de judíos del régimen monárquico ruso, ha realizado cuantiosas películas y obras de teatro riéndose de personajes como Hitler. Leslie Nielsen de pequeño, tenía que hacer reír a su padre para librarse de sus golpizas y luego ha hecho comedias para la familia. Lo crean o no, Chaplin, que era hijo de teatristas, sufrió la miseria extrema, y ha vivido en un orfanato, años después ha entrado en el espectáculo del vodevil de “casualidad”. Si no lo sabías de antes, ya has leído lo que Chaplin ha hecho como cómico después.
Cantinflas fue uno de los únicos 8 sobrevivientes de 14 hermanos, ha sido limpiabotas, cartero, taxista, empleado de billar, boxeador, torero y soldado. Y ya han visto la multiplicidad de sus personajes.
¿Qué podría impedirte a ti utilizar el humor? ¿Cuál es tu excusa?
Todas las personas podemos encontrar y potenciar nuestra propia comicidad.
Ven a comprobarlo. Estaré impartiendo clases tanto en modalidad presencial para Madrid, como en línea para otras partes del mundo. Contáctame. Belén Caccia










Comentarios