• Belén Caccia

¿Se puede aprender a hablar en público?

Aprender a hablar en público.

Si has llegado a leer más allá del título de esta nota, significa que hay algo de tu oratoria que te preocupa o que deseas mejorar. Te invito a leer algunos tips (básicos, muy básicos) que podrán orientarte al menos en la búsqueda de una mejora en tus presentaciones.

Ante cualquier duda o inquietud, no dudes en contactarme.

Como en todo en esta vida, hay personas a las que se les da mejor una cosa que otra. Puedes tener un hermoso tono de voz, una impactante presencia, o un singular modo de decir las cosas, pero si no confías en ti, difícilmente puedas hacer llegar un mensaje con seguridad y confianza por más bien escrito o pensado que esté.

Mi recomendación es sumar técnica. Mucha técnica. Porque técnica, y práctica de oratoria te harán ganar confianza y perder el temor. Una cosa lleva a la otra. La técnica es como una red, que te proporcionará cierta relajación en tus primeras presentaciones, y la práctica será la fresa sobre la tarta que te permitirá incluso disfrutar de dichas presentaciones. (esto incluye tanto las presenciales como las on line)

A mucha gente le intimida hablar en público. El temor a decir algo inapropiado, o a que se les olvide lo que han preparado con tanto trabajo, o incluso a empezar a sudar y a tartamudear, en definitiva, el temor a hacer el ridículo puede llegar a bloquearte y hace que evites hablar en público.

Sin embargo, para acceder a ciertos niveles en el ámbito laboral o social es imprescindible hacerlo. Hay que atreverse a hablar en público. Pero…mejor que solo atreverse sería hacerlo y disfrutarlo, ¿verdad?

Y no solo se trata de qué dices, sino que es muy importante cómo lo decimos. Por eso existimos profesionales que nos dedicamos a enseñar el lenguaje verbal y no verbal (el corporal, gestual, lo que dices más allá de las palabras). Y es que a la hora de hablar a una multitud, o a un pequeño grupo, incluso en el one to one, el lenguaje corporal representa más de un 90% de la eficacia en la recepción del mensaje. El contenido, no alcanza un 10. O lo que es lo mismo: es más importante el cómo lo dices que el qué.


Paralelamente a mi desempeño coacheando a empresarios, emprendedores y políticos en forma particular, he trabajado durante ocho años como profesora de oratoria en el Honorable Congreso de la Nación Argentina, es decir, entrenaba para hablar en público a diputados, senadores, asesores y empleados públicos de todos los partidos políticos durante casi tres gobiernos diferentes en el país.

Es crucial cómo se presenta un político. Y los asesores de campaña lo saben bien, de ahí que si prestas un poquito de atención incluso con las mismas propuestas, un político o una política pueden enamorarte o causarte rechazo.

Las técnicas de oratoria pueden aplicarse a niveles multitudinarios tanto como a nivel doméstico.

Existen una serie de trucos o tips que podrán aportarte y credibilidad a la hora de dirigirte a una audiencia (me escucharás o leerás siempre que evitemos utilizar la frase “enfrentar a una audiencia” porque con ella compartes, no hay o no debería haber enfrentamiento.


Y aquí algunos puntos a tomar en cuenta:


Planificación

Debe ser lo primero, porque la falta de preparación suele ser el primer motivo que nos pone nerviosos. Siempre habrá que tener en cuenta a quién nos estamos dirigiendo, de cuánto tiempo disponemos, cuál es el mensaje exacto que queremos transmitir y cómo queremos transmitirlo. Y una pregunta MUY importante: ¿Por qué estás dando ese discurso?

De ser posible, visita el lugar donde hablarás y revisa los equipos disponibles antes de tu presentación.


Conoce sobre el tema

Cuanto más entiendas sobre el tema del que vas a hablar, y más te interese ese tema, tendrás menos probabilidades de cometer errores o perder el hilo.

Y si te pierdes, podrás recuperarte rápidamente. Tómate cierto tiempo para considerar las preguntas que podrían hacerte desde el público y prepara las respuestas.


Detecta tus preocupaciones específicas

Cuando tienes miedo de algo, puedes sobreestimar la probabilidad de que ocurran cosas malas. Haz una lista de tus preocupaciones específicas. Luego, cuestiónalas directamente identificando los resultados probables y alternativos, y verificando si hay evidencia objetiva que respalde cada preocupación o la posibilidad de que los resultados que temes ocurran.


Mantén la mirada viva.

Fíjate que cuando sonreímos, nuestra mirada se modifica. Cuando miramos a alguien a quien queremos o que nos gusta, también. Esa mirada tenemos que lograr al hablar aunque estemos serios o no haya ningún ser querido entre la audiencia. Nadie quiere escuchar a alguien con mirada de vaca. No propongo que no pestañees. Sonríe, no mires arriba buscando tu texto. Está en tu mente. Ni en el techo ni en el piso. Cuéntales un cuento como si fueran tus sobrinos pequeños. Si les miras a los ojos y sonríes, serás quien tenga el poder. Esta, aunque parezca la más tonta, es la más complicada. Normalmente nos pone nerviosos mirar a los ojos de los demás (al animal irracional que llevamos dentro). Muéstrate despierto/a para no dormir a tu público.


Respira.

Es una obviedad porque no podemos estar sin respirar. Lo sé. Pero es una respiración a conciencia para calmarte. Frena. Mira. Observa. Inhala, exhala. Y sigue hablando. El público notará un segundo. Tú….¡un domingo completo! Cuando no estás frente al público antes de salir, Respira profundamente. Esto puede ser muy relajante. Inhala lenta y profundamente dos o más veces antes de subir al estrado y durante el discurso.


No tengas miedo a los momentos de silencio

Si pierdes el hilo de lo que estás diciendo o comienzas a sentirte nervioso/a y tu mente se pone en blanco, tal vez te parezca que permaneciste en silencio durante una eternidad. En realidad, es probable que hayan sido solo unos pocos segundos. Incluso si es durante más tiempo, es probable que al público no le importe contar con una pausa para considerar lo que les has dicho. Simplemente respira lenta y profundamente un par de veces. (por favor jamás pidas un aplauso por tu error. Si el público decide hacerlo, tómalo como una muestra de afecto y sigue adelante feliz, pero no lo pidas)

Entonces aplica nuevamente lo de que para ti es un domingo, para ellos unos segundos.


Concéntrate en tu material, no en el público

Las personas prestan atención mayormente a la información nueva, no a la forma en que la presentan. Tal vez ni siquiera noten tu nerviosismo.


¿Qué hacer con las manos?

En la vida no nos hacemos jamás esta pregunta. Y de pronto en el escenario…sí. Te tengo una noticia; el escenario también es parte de la vida, por lo que no deberías pensar qué hago con las manos. Presta atención desde hoy mismo a qué haces con las manos cuando hablas con tus amigos y amigas, y verás que fluyen. Hablan contigo y aportan color a tu mensaje.

Ante la dura, que caigan al costado de tu cuerpo. Ellas solas sabrán qué hacer luego. Evita jugar con tus anillos, arrugar tu ropa o pellizcarte los dedos de las manos. El modo tetera (o Rasgo de Reconocimiento Certificado de In & Out) tampoco sería aconsejable. Hay que permitirles ser, nuestras manos y brazos son el soporte de nuestras palabras. Déjalos caer al costado de tu cuerpo y siente su peso (al practicar en casa, no frente al público) y cada vez que practiques en voz alta tu discurso, tus manos se sentirán más libres para participar de la charla.


La clave son las ideas

Ideas, ideas, ideas. Íntimamente unida a la planificación. Tu mensaje tiene que ser concreto, aunque lo repitas diez veces de diez formas distintas. Y las ideas que quieres que le queden claras al receptor tienes que asegurarte de que están claras para ti. ¿Cómo hacerlo? El orden: qué quieres decir. Cómo lo dirás. Qué ejemplos pondrás. Qué tendrá impacto. Qué es original.


Cuida tu apariencia.

Nunca subestimes la importancia de tu aspecto a la hora de hablar al público. Tienes que procurar que, pareciendo espontáneo/a y auténtico/a, en realidad no haya nada fuera de tu control. Controla la imagen general (el conjunto) y para que funcione trabaja cada detalle por separado (zapatos, camisa, pantalones, maquillaje, peinado, elementos).


Elonga, estira, relaja.

Estírate como si recién te hubieras levantado de una larga siesta. (No frente a la audiencia, claro) ve al baño, a una oficina, donde puedas y nadie te vea y estira los brazos, haz morisquetas con la cara, besitos sin sonido, estira de todas las formas que se te ocurra sin arrugar tu vestuario ni despeinarte. Relaja esos músculos, que no salgan tensos a presentar un discurso.


Visualiza tu éxito

Ok. Parece una tontería esto pero no lo es. Imagina que tu presentación saldrá bien. Los pensamientos positivos ayudan a reducir parte de la negatividad sobre tu desempeño social y alivian un poco la ansiedad. Mírate al espejo y di frases en voz alta como “tu puedes”, “todo estará bien” o la que creas que te incentive. No sientas pudor, estás solo/a frente a un espejo. Mímate un poco. Lo peor que puede pasar es que no pase nada! (pero servirá, te lo aseguro)


Reconoce tu éxito

Después de tu discurso o presentación, siéntete complacido/a porque lo has hecho. Tal vez no haya salido perfectamente, (o tal vez sí) pero lo más probable es que seas más crítico/a tú mismo/a que el público. Verifica si alguna de tus preocupaciones específicas realmente ocurrió. Todos/as cometemos errores. Considera los errores como una oportunidad para mejorar tus habilidades.


Lo más importante: SE TÚ MISMO/A

No intentes imitar a otros/as oradores/as. Cada persona tiene su estilo. Se pueden trabajar, se pueden mejorar, se pueden alcanzar metas, claro que sí. Pero no intentes cambiar quien eres, porque tu mensaje va asociado también a eso.



¿Te conté el truquito del vaso con agua?

Tener la boca seca es uno de esos síntomas molestos de los típicos nervios de hablar en público. Es importante tener claro que no nos vamos a morir deshidratados, pase lo que pase.

Pero si antes de salir a escena bebes un vasito con agua, tu cerebro tendrá una información de “entonces no debe haber tanto peligro, no paramos ante una situación de peligro a beber agua” y habrá un poco de relax de tu inconsciente.


Luego me cuentas.


Belén Caccia






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